

Con cánticos de “Se va a acabar la dictadura de los K” y “Que se vaya, Que se vaya”, eran los estribillos más repetidos que surgían espontáneamente en la colmada Plaza de Mayo sin escenario ni liderazgos. También se veían muchos carteles con leyendas “por la democracia”, “contra el autoritarismo” y con críticas e insultos para el vicepresidente Amado Boudou.
La protesta completó el espacio habilitado hasta poco más allá de la Pirámide de Mayo, donde un vallado impedía avanzar en el último tramo de la Plaza hasta la Casa Rosada.

A las 20.30, los manifestantes que habían copado la esquina de Cabildo y Juramento, en Belgrano, entonaron el Himno Nacional. “Argentina, sin Cristina”, gritaron después.“Queremos vivir en libertad y que la gente pueda trabajar con dignidad. Basta de corrupción”, dijo un empresario de 82 años que pidió reserva de su nombre “por miedo a la AFIP”. “Vinimos por la inseguridad. Nos sentimos pisoteados. La Presidenta no puede comprarse con Dios”, agregó Gabriel, de 54 años. “Estoy acá porque siento que quieren organizar mi vida. Queremos vivir en libertad”, gritó Jorgelina de (52).

Cientos de vecinos hicieron sonar sus cacerolas desde los balcones en casi todos los barrios de la Capital, tanto en el Norte como en el Sur, y los automovilistas tambien se sumaron con sus bocinazos. También hubo protestas importantes en Córdoba, Rosario, Mendoza, Salta, Bahía Blanca y Mar del Plata, entre otras ciudades del interior del país.
Aunque algunos dirigentes de la oposición se sumaron a último momento a la convocatoria a través de Twitter, no se vió a ninguno de los destacados anoche en la Plaza, entre los manifestantes, pero si se vió muchos oficinistas que se quedaron al terminar su jornada laboral en el centro y también mujeres, jóvenes y mayores, y no faltaron las maquilladas y vestidas como para una fiesta.

Cerca de las 22, un sector de los manifestantes organizó una sentada en la Plaza y otro comenzó a cantar el Himno y poco tiempo después comenzó la desconcentración.
El Gobierno nacional salió a desacreditar las masivas protestas a las que calificó de "carentes de espontaneidad alguna" y en las que sostuvo que solo hubo "insulto, odio y agresión".
Al preguntársele si habrá cambios en las políticas a partir del cacerolazo respondió: "No, en absoluto, seguimos trabajando con las políticas por las que ganamos con el 54 por ciento", y se desafió a los opositores a "armar un partido y ganar las elecciones".
En declaraciones a radio Mitre, el senador y ex jefe de Gabinete Aníbal Fernández había admitido que la movilización fue "importante" como así una buena "sensación" como acostumbra a decir para no reconocer. De todos modos, dijo no saber "cuáles son los planteos que están haciendo" los manifestantes. Y agregó: "El Gobierno, me parece, toma nota de cada una de las manifestaciones, sean un montón o 25 personas paradas que expresen determinada queja sobre el Gobierno".
Ante éste escenario de desconformidad popular, por su parte las distintas fuerzas políticas opositoras avanzan lentamente hacia la formación de dos polos electorales con vistas a las elecciones legislativas de 2013: uno de centroizquierda, con eje en la UCR y el Frente Amplio Progresista (FAP), y otro de centroderecha, con el PJ disidente y Pro como protagonistas.